¿Sola?, no, ella no está sola. Está más acompañada de lo que están la mayoría.
No le hace falta tener una pareja para ser feliz. Ya lo es, con lo que tiene y con quien tiene.
No tiene que soportar la presencia de alguien que no la ama, ni se interesa por sus proyectos o sus inquietudes, ni que cuando está enferma le pregunte sólo por compromiso.
Nunca le gustaron las falsedades.
Ni quiere estar con quien ama si no la aman. Tampoco con quien la ama si ella no ama.
Así que no fue difícil la decisión: estar sola.
No, no es una decisión inquebrantable, sólo es hasta que llegue quien se merezca estar en su vida y, si no llega, ella ya lo tiene todo.
Disfruta viendo un amanecer, el mar saludando a la orilla, que nunca se cansa de hacerlo; así es el amor que ella quiere.
Se siente afortunada cuando despierta y descubre que ha tenido la suerte de vivir un día más.
Le encanta oír música y bailar, donde y con quien quiera, aunque a veces sea sola.
Es feliz cuando está con las personas que quiere y sabe que el cariño es recíproco.
Disfruta mirando la luna, en cualquiera de sus fases, porque la luna tiene un embrujo que le llena el alma.
Le gusta caminar y sonreír sin motivo alguno, aunque en realidad el simple hecho de vivir cada día ya es un motivo.
También es feliz cuando escribe, porque es una forma de expresar parte de lo que lleva dentro.
Y disfruta tomando ese café de la mañana, con ese olor a hogar.
Lo fácil hubiera sido estar con cualquiera, pero a la larga, lo difícil.
Ella prefirió hacer al principio lo difícil para tener esa paz que ahora le resulta tan fácil, como el mar que cada día vuelve a besar la orilla.
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