El amor de verdad existe, lo he visto en varias ocasiones, unas con más profundidad y otras con menos.
Hoy me he encontrado con una amiga de la infancia.
Iba con su marido, al que también conozco desde hace muchos años.
Han estado un rato hablando conmigo y me han dado una noticia triste: ella está muy enferma, no hay demasiadas esperanzas.
Me lo dijo mi amiga, mientras su marido le daba ánimos, intentando transmitirle esperanza.
En un momento dado, ella se alejó. No está bien emocionalmente, es lógico; hace poco que le han dado la noticia.
Entonces, su marido me contó la gravedad de la situación y me dijo:
Perdona, mejor dejo de hablar porque no quiero que ella me vea llorar.
Estaba llorando mientras se desahogaba, y yo solo podía escuchar.
No hay mucho que decir en estos casos.
Después de tantos años siguen unidos, con amor de verdad.
Cuando nos separamos me quedé triste. Recordé los momentos de nuestra juventud y cuando me contó que había conocido a un chico y se había enamorado.
Desde entonces siempre los vi juntos y felices. No era apariencia, era real.
Tengo esperanza de que se ponga bien; cosas más raras han pasado.
Les dije que les llamaría de vez en cuando para saber cómo están.
Pero también pensé en lo afortunada que soy en estos momentos.
Porque lo más importante es la salud, y no merece la pena estar triste por cosas que no están en nuestras manos.
Esta situación me ha reafirmado aún más en una idea: hay que vivir, hacer lo que uno quiera, sin pensarlo tanto.
Porque un día, no sabemos cuándo, podemos recibir una mala noticia y entonces el mundo se vuelve del revés…
y quizá ya no podamos hacer aquello que hemos estado postergando.
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